Pues así, a lo tonto a lo tonto y como quien no quiere la cosa, desde Año Nuevo a este 1 de marzo que amanece con la resaca de las últimas nieves del invierno, nos hemos merendado dos meses. Madredelamorhermoso!. Y aún con el regusto a mazapán en los labios y alguna botella de sidra remoloneando por la casa, me dispongo a soplar las velas de mi tarta de cumpleaños una vez más (y que siga siendo así por muchos años...). En estas edades que ya vamos teniendo, se hace imprescindible tratar de no caer en el desánimo que el hecho de dejar atrás nuestros años de juventud trae incorporado.
Estoy en las últimas del primer reparto, es decir, apurando las mieles de la treintena, y mirando con cierta perspectiva todavía la tan sobrevalorada crisis de los cuarenta. Vamos, en esa edad que dice mi padre que es en la que mejor estamos las mujeres: maduritas pero interesantes, con todas las cosas en su sitio desafiando (con algún truquillo a veces) la ley de la gravedad, un poquito resabiadas, pero aptas para la lidia, con experiencia a nuestras espaldas y un largo camino lleno de expectativas por recorrer todavía... Lo que viene siendo el puntito justo.
Y aunque es cierto que pasé unos veinte muy majos (tenía mis necesidades básicas cubiertas, pocas preocupaciones salvo salir y estudiar, un cutis agradecido que lo mismo aguantaba sombras de ojos de los chinos que rímmel del mercadillo, doce quilos menos que me permitía intercambiarme la ropa con mis amigas, y un toque de inocencia que me hacía sentir capaz de conseguirlo todo), no volvería a los veinte ni por todo el oro del mundo.
Ahora tengo madurez y experiencia, un camino recorrido, mal o bien, pero elegido por mí, y una vida organizada que, no es una seguridad, pero ahí está, con mi poquito esfuerzo. Ahora, con la pátina de sabiduría que dan los años y las experiencias acumuladas en mis incipientes patitas de gallo, descubro que he aprendido de los errores cometidos y disfrutado de los hitos conseguidos. Ahora tengo más y mejores herramientas para combatir los problemas y las malas situaciones que, por desgracia, la vida me seguirá poniendo en el camino. Y ahora, aunque ya no estemos en posición de escatimar en el presupuesto de la peluquería, sigo compartiendo con la chica de veinte años que fui el toque de inocencia que me hacía sentir capaz de conseguirlo todo. No está nada mal en definitiva!
Así pues, benditos cumpleaños que nos proporcionan un momento mas que añadir a nuestro equipaje de la vida. A pesar de que cada vez nos cueste mas esfuerzo soplar las velas, es día de hacer algo especial, compartir con la familia, darse un capricho, organizar una fiesta con los amigos y brindar por lo que se fue y no volverá, pero que nos ha hecho ser quienes somos. Nací un 1 de marzo de 197... y esta es la mujer que soy, con lo bueno y con lo malo, con lo vivido y lo por vivir. Por cierto.. ¿Alguna crema antiarrugas que funcione?
¡Estáis invitados a mi fiesta!
¡Estáis invitados a mi fiesta!
