Una vez más, tras los fastos navideños y todo lo que ello conlleva, después de ser visitados por sus majestades los Reyes Magos de Oriente con mayor o menor fortuna, comenzamos un año nuevo. En mi caso, el año da el pistoletazo de salida con la recogida del árbol, las guirnaldas, las velas y el belén hasta la próxima Navidad, lo cual siempre me deja con una rara sensación de pérdida y abandono. Es normal, pues durante un mes la casa ha estado llena de rojos y verdes, muñecos de fieltro con barba, tarjetas de colores repletas de buenos deseos, plata y oro, reyes, ovejas, pastores, purpurina.... una feria vamos. Y en un rato lo recoges todo, lo arrumbas en un rincón del trastero y cuando subes, parece que han entrado a robar en tu casa... Sniff snifff!
Otro momento extraño de comienzos de año es estrenar la agenda. Con la edad me estoy volviendo cada vez más maniática, y el orden para mí tiene mucha importancia, y como además la memoria no la tengo tan fresca como antes, la agenda se ha convertido en un elemento imprescindible en mi vida. Desde hace dos o tres años utilizo el modelo Passport de la marca Miquelrius, pequeña, semana vista, bolsillo de fuelle trasero, hojas de notas, directorio, cinta de goma al estilo Moleskine, estampado variado. Este año la cubierta es un dibujo de un Mig 15 del ilustrador Lapin.
Muy periodística, que diría mi padre.
El día 7 de enero me siento en mi mesa y la abro, con una sensación de incertidumbre y expectativa, con gusanillo en el estómago de comienzo de aventura. Primero escribo los cumpleaños de amigos, familiares y conocidos, después bodas y eventos que se repiten anualmente (aniversarios, festividades, etc.) y a continuación, obligaciones (impuestos, renovaciones, pagos, y demás alegrías). Cuando acabo, me quedo un rato mirando las páginas en blanco, como esperando que aparezca en ellas escrito lo que va a ser mi año... Pero, por desgracia, no es la agenda de Harry Potter que se escribe sola con tinta invisible y además predice el futuro...
Así que la cierro de nuevo pensando que ya iremos viendo, que la vida no se adelanta a los acontecimientos, que hay que tener paciencia e ir pasando la cinta marcadora semana a semana para ir desentrañando las sorpresas que encierra todo un año, piano piano... Ése es el misterio de vivir.
Y una vez superados ambos momentos, es cuando me pongo trascendente de verdad y echo la vista atrás para verme a mi misma el año anterior en este mismo lugar. Entonces es cuando realmente hago balance del año que se fue: Quién falta, quién llegó, quién sigue ahí, cuántos objetivos cumplí, cuántos de ellos se quedaron en el camino, cuántos no salieron por mi causa, cuántos no dependieron de mí, cuánto me he conocido a mí misma, cuánto he aprendido de los demás...
Estas reflexiones me ayudan a establecer la línea de actuación para este año recién nacido, a organizar el arranque de una nueva hoja en el calendario, algo que en realidad no tiene por qué ser trascendente, sino que debería ser una continuidad. Aún así, espero que el apocalíptico año 2013 esté lleno de proyectos, retos, aprendizajes y sobre todo, oportunidades. Al menos de éstas últimas, habrá 365...
Año Nuevo, o lo que es lo mismo, agenda, caja de Pandora, Oráculo de los Dioses, Libro de la Sabiduría, álbum de fotos, anuario de la Escuela, Libro de Familia....

2 comentarios:
Cuaderno del peregrino...
Cuaderno del peregrino...
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